223. LA CALIDEZ DE TUS BRAZOS
NARRADORA
Mientras el barco ponía rumbo a zona segura, en el borde de la niebla, una cabecita salió del agua.
El cabello azul se confundía con el reflejo sobre la superficie en calma, y los ojos celestes miraban melancólicos hacia la popa del catamarán que avanzaba ganando nudos más de prisa.
Ni siquiera se pudo despedir de ella, y solo suplicándole a su hermano fue que lo dejó mirarla de lejos.
A la medusita con cabellos de fuego.
Ella seguro lo olvidaría, la niebla tóxica actuaba lentament