Derek la tomó en brazos y subió con ella hasta la recámara, la sangre y la piel le hervían por hacerle el amor, por tomarla y nuevamente hacerla suya, por hundirse en la tibieza de su cuerpo, que parecía terciopelo.
Se sentó sobre la cama, con ella aún encima de él, y Liesel se dejó hacer, llevar y cuando Derek aplastó los labios entre los suyos al tiempo que apretaba, la parte interna del muslo, no esperó a que le diera permiso, sino que la asaltó con una furia sensual que la llevó a apretarse