Mientras el coche se mueve a lo largo de la autopista, Vanessa se mantiene en silencio. Su cabeza está apoyada en el cristal del auto mientras, por sus mejillas, siguen rodando lágrimas provenientes de su llanto silencioso.
Las ideas que rondan su mente no paran de decirle que ella es la culpable de todo lo que está pasando. Ella y sus tontos e inmaduros impulsos son los que ocasionaron toda esta situación. Si hubiese tenido la madurez de cerrar la boca y no dejarse llevar por su impulsividad,