Ioana camina tras Radu, sus pasos apresurados resonando en la grava del estacionamiento. Cuando finalmente lo alcanza, lo encuentra con los nudillos ensangrentados y respirando pesadamente, la furia aún visible en sus ojos.
—Radu, déjame ver tus manos —Ioana hace su petición con un tono de voz suave mientras se acerca más a él.
Radu sacude la cabeza, apartándose ligeramente.
—Estoy bien, Ioana. No es nada —responde con un tono brusco, todavía molesto por la situación vivida.
Ioana frunce el ceñ