CAPÍTULO 52
— Tienes que estar jugando — dice mientras intenta retener las risas. — Nadie puede tener tan mala suerte.

Emil termina de beber su jugo antes de poder contestar a las palabras de la pelinegra. Dejando el vaso sobre la mesa, la mira fijamente y sigue con su conversación.

— Pues estás frente a uno — asegura con total calma y "orgullo" en su voz.

— ¿Cómo pasó? — pregunta con interés.

— ¿De verdad quieres saber cómo me usaron de trampolín romántico? — pregunta con gesto incrédulo.— Eres cruel.
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