Cuando el auto ingresó en el porche de la casa, Vanessa estuvo por bajar tan pronto como el freno de mano fue colocado y el motor apagado, pero el agarre de Emil en su muñeca la detiene. — Emil, por favor — pide en tono bajo. — ¡Sólo déjalo!
El silencio se hace dentro del auto y es que, aunque no existan más palabras, y aunque lo de ellos es algo que no tiene nombre más allá de una atracción, ambos pueden sentir cómo dejarlo ir es doloroso; tal vez es porque los amores que no pueden terminar de