Vanessa bajó las escaleras con un paso lento, casi como si su subconsciente no quisiera que ella llegara al comedor, lugar donde tendría que enfrentar el comienzo de sus días llenos de compromisos y responsabilidades. El aroma del café recién colado flota en el aire, mezclándose con el sonido suave de los platos y el murmullo de las conversaciones tan típicas que se sostienen durante el desayuno. Sin embargo, antes de poder llegar a la cocina, Vanessa es interceptada en el pasillo por Emil.
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