—¡Hey mujer reacciona!—. Marlene chasqueó los dedos para que yo saliera del candente recuerdo que llegó a mi, un calor se instaló en mi cuerpo y mi centro palpitó como ese día, rogaba en mi interior que nada malo me sucediera después de ese maravilloso orgasmo, tenía miedo aunque la doctora me dijera lo contrario en que puedo tener a pesar de mi enfermedad una vida sexual activa.
Recuerdo que seguido de eso seguimos besándonos en el auto, con la misma intensidad de siempre, el era mi compleme