Melissa, sin poder negarse, caminó detrás de su suegro.
El viejo Santoro, la invitó a sentarse en la silla frente a él y cerró la puerta para tener más privacidad.
Melissa observaba cada detalle de la decoración del lugar. Definitivamente, cada rincón de la mansión era un sueño.
—Melissa, seré breve. Quiero preguntarte algo muy importante.
Melissa se acomodó en la silla y retuvo un poco de aire en sus mejillas, era una vieja costumbre para calmar sus nervios, antes de