Vicent no dudó en aprovechar el apoyo de sus pequeños y le mostró a Melissa una sonrisa encantadora, antes de expresarle su gran idea.
—Querida, ¿qué te parece si dormimos todos en mi habitación? Mi cama es lo suficientemente grande para que estemos cómodos.
Melissa negó con la cabeza, rompiendo las ilusiones de su amado.
—No, Vicent. Ve y descansa tranquilo. Ellos se dormirán en un rato. No te preocupes.
Pero Vicent no estaba dispuesto a dejar que su princesa hermosa