—Claudia, no puedes hablar en serio, ¿quieres decir que el señor Ricardo está paralítico desde ahora mismo? —Sabrina, que acababa de ducharse y estaba a punto de irse a dormir, gritó por teléfono. No podía creer lo que acababa de oír.
—Sabri, ése ni siquiera es el problema ahora mismo. Lo que más me preocupa es cómo lo bañaría y lo vestiría ya que no puede usar bien las manos, es...
—¡Ay, Dios mío, Claudia! ¿Vas a bañarlo de verdad?, ¡Lo verás desnudo!
—¡Sabrina! ¡No seas así! Ya demasiada verg