la doctora miraba con ojos de terror al hombre que se encontraba frente a ella, Jean Carlo Andollino se mostraba imponente, y ella en cada momento se comenzaba hacer más pequeña, sabía que es lo que pasaba, pero tenía que fingir, era lo único que quedaba, decir que ella siguió el protocolo y decir que Anabella había escuchado mal.
Tome una copa de vino conmigo — hablo el hombre — necesito hablar con usted de algo demasiado importante, al menos para mí — hizo una seña con la cabeza al mesero q