Mundo de ficçãoIniciar sessãoAnabella Connor, es un joven que acaba terminar su carrera derecho, su familia a quedado en la bacarrota y ahora ella se encuentra obligada a casarse con Jean Carlo Andollini, quien siempre se ha encontrado enamorado de la joven. l
Ler mais«Y hoy te vuelvo a enamorar y aunque creerlo te cueste. Si fuiste mía una vez tú lo serás para siempre…» Diego Vargas.
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Carlos Duque recostado en el sillón de cuero de su oficina miraba el techo respirando agitado, su pecho subía y bajaba, abría y cerraba sus puños, sus profundos pozos negros que tenía como ojos permanecían ausentes. Se llevó las manos hacia su espesa y oscura cabellera intentando que los nefastos recuerdos no terminaran por nublarle la razón.
Rememoró entonces parte de su tormentoso pasado:
«—¿A dónde pensás que vas? —preguntó él, tomándola con fuerza del brazo, lo presionó por varios minutos. Elizabeth, se mordía los labios soportando el dolor, cuando él se dio cuenta de que le hacía daño, la soltó, en la piel de la joven quedaron las marcas de sus dedos—. Aún no he terminado de decirte todo lo que opino de vos —repuso. —¡Eres la más cruel y falsa de todas las mujeres! ¡Mírame! ¿Te reías de mi verdad? —La chica con el semblante lleno de tristeza, nada más negaba con la cabeza, no podía hablar, temblaba y lloraba sin cesar, sentía que sus fuerzas la abandonaban. —¡Deja de fingir! —gritó. —¡No vengas con lamentaciones! —exclamó, rechinando los dientes. —¡Ojalá te murieras! — pronunció sin saber lo que decía»
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Desde lo alto de aquel edificio, en los grandes ventanales, la joven de ojos marrones y larga cabellera castaña, sosteniendo una humeante taza de café en sus manos, divisaba a lo lejos la ciudad.
Suspiró profundo inhalando el delicioso aroma de aquella bebida, que le recordaba tanto a él, entonces su memoria regresó al pasado a aquel nefasto día en el cual: Carlos Duque le deseó la muerte.
—¡Ojalá te murieras! —pronunció él sin saber lo que decía.
Ella abrió sus ojos con sorpresa, aquella última frase se clavó como un puñal en su corazón.
—¡No diga eso! Yo sé que me odia... pero no me desee la muerte —murmuró muy dolida.
—¡Mami! —exclamó el pequeño ingresando a la oficina sacando a la mujer de sus cavilaciones—.Mi papá me llevó por un helado, y luego me trajo a saludarte.
La joven inhaló profundo, limpió con el dorso de su mano sus lágrimas, entonces esbozó en sus labios una amplia sonrisa, se inclinó para saludar a su hijo.
—Me da gusto que hayas venido a verme —expresó y sus ojos se clavaron en los del infante, en aquella mirada que tanto le recordaba a la de Carlos, abrazó al chiquillo con fuerza, rememorando que todo lo que hizo fue para salvar su vida.
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Carlos Duque regresó al presente gruñendo como una fiera herida, se puso de pie y caminaba de un lado a otro por su oficina.
«Volviste para vengarte de mí» se repetía en su mente, mientras el pecho le sangraba de dolor; por su cerebro trastornado una y mil ideas se le cruzaban.
El odio, el rencor, el resentimiento de nuevo afloraron en su corazón, gruesas lágrimas rodaban por sus mejillas, se sentía burlado, humillado, golpeó con sus puños, con fuerza el escritorio.
—¡Maldita sea! ¡Pase años llorando por vos! —exclamó dolido— mientras te reías y burlabas de mí, de mi dolor, de mi sufrimiento —gruñó.
Leía una y otra vez el expediente que le entregó su amigo, y hombre de confianza: Mondragón, a su mente se venía la imagen de ella, entonces carcajeó mofándose de él mismo.
—Pensaste que podías engañarme —vociferó apretando sus dientes con fuerza.
De inmediato algo muy importante se le vino a la memoria, tomó su móvil con las manos temblorosas.
—Carlos ¿En qué puedo servirte?
—Mondragón, necesito que averigües si la doctora Robledo posee familia, quiero saber si tiene un hijo y la edad del pequeño.
—Ella tiene un niño —afirmó Mondragón. El corazón de Carlos se aceleró con fuerza descomunal, aquel hombre sentía que estaba a punto de enloquecer—. Creí que como sos amigo de ella lo sabías —comentó Francisco.
—No, jamás me ha dicho nada —respondió Carlos, con la respiración entrecortada— ella nunca habla de ese pequeño... ¿Conoces la razón?
—Parece que a la doctora Robledo, le gusta tener su vida privada, oculta.
—Quiero saber qué edad tiene ese niño —indagó Carlos.
—No estoy seguro de eso, sé qué es pequeño, no lo conozco, y no consideré algo importante como para informarte, tal vez tiene cinco o seis años.
La mirada de Carlos se oscureció, bebió un sorbo de agua para calmarse, entonces le dio órdenes precisas a Mondragón, sobre algo que tenía en mente, y colgó la llamada.
—Si es lo que estoy pensando... Te juro que te vas a arrepentir Elizabeth Trujillo, te haré pagar con lágrimas de sangre todo mi sufrimiento —afirmó presionando sus puños sin poder razonar. En ese momento el dolor jugaba en contra del entendimiento—. Me vengaré de vos. —Cerró sus parpados—. Te cobraré con la misma moneda, volveré a enamorarte —sentenció, creyendo que sería fácil engañar a su corazón, sin imaginar que, en aquel juego, él podría terminar siendo la víctima, y aquellos muros que irguió dentro de su corazón desde que era un niño, terminarían derrumbándose de un momento a otro.
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Queridos lectores si has llegado por casualidad a este libro te recomiendo leer antes: Si me ves llorar por ti, y Un café para el Duque, es importante para que puedan entender este libro.
Por otro lado, les pido no ser tímidos, dejar sus comentarios en las reseñas.
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Pasaron cinco días y dejaron salir a Anabella del hospital junto a la bebé, al llegar a casa la servidumbre habían hecho carteles y otras cosas, con colaboración de Fabiana, globos rosas y decoraciones, una pequeña comida de bienvenida para la mamá y el papá. La pareja Andollini se quedó gratamente sorprendida ante dicho acto, la mujer se encontraba sonriente, ella traía cargando a la bebé, una enfermera que ya había contratada desde el hospital, llevaba unas cosas, igual ya en el servicio se habían añadido a la mansión tres niñeras que ayudarían a Anabella a cuidar a la bebé, una de día, una de tarde y una de noche, que podrían vivir en la mansión. Muchas gracias, por este gesto — hablo Anabella —ya deseábamos estar en casa, nunca imagine que harían algo así por nosotros — Esta pequeña es mi sobrina, es una hermosa bebé — Fabiana se adelantó y la miro — ¿puedo cargarla? — pregunto a Anabella, quien asintió con la cabeza — Solo ten cuidado con la cabecita — le indico la mujer — s
Baby, I know you are hurting Right now you feel like you could never love again Now all I ask is for a chance To prove that I love you From the first day that I saw your smiling face Honey, I knew that we would be together forever Ooh, when I asked you out, you said, "No" But I found out darling that you'd been hurt You felt that you'd never love again I Gerald Connor llego al hospital por la tarde, Nadine Connor, ya se había marchado a su casa para darse un baño y dormir un poco, el hombre al entrar en la habitación, pudo ver a su hija sentada en la cama y a su esposo hablando junto a ella. Buenas tardes, hija, me aviso tú madre que la bebé nació--- habló Gerald Connor acercándose a su hija.... buenas tardes, Jean Carlo, felicidades a ambos---- dijo el hombre quien se acerco y beso a su hija en la frente--- Gracias, padre----- le dijo ella a Gerald, pero no le regreso la sonrisa que el hombre tenía en su rostro---- Quisiera conocer a mi nieta, ¿se podra?---- pregunto Con
—A la mañana siguiente Anabella, desperto su madre y esposo se encontraban ahí, al parecer se habían quedados dormidos en la pequeña sala de la habitación, que era un lugar elegante, miro a todos lados y entro una de las enfermedas quien sonrio, al ver que ella ya se encontraba despierta. Seguido de ella otra enfermera entro con un pequeño bulto en los brazos, envuelto en unas lindas y finas cobijas de color verde agua, los que se encontraban dormidos se despertaron al escuchar que alguien había entrado a la habitación. Buenos días, a la linda mamá, buenos días papá y abuela, alguien viene a visitarlos — hablo la enfermera cuando entro con el pequeño bulto — Anabella le brillaron los ojos al ver que llevaban a la bebé, y estiro los brazos para recibir a la bebé — hola, pequeña, soy tú mamá, por fin puedo ver tú linda carita — ell beso la frente de su bebé — Jean Carlo se acerco y se sentó del otro lado y paso su brazo alrededor de su esposa, podía ver a su bebé, era hermosa, dem
Nadine Connor llegó al hospital, necesitaba ver qué su hija se encontraba bien a lo mismo que su nieta. Cuando entro a la habitación del hospital miró a si hija dormida en la cama y a su yerno igual con cara de dormido o mejor dicho ambos dormidos. Se acercó con cautela para evitar despertalos, acto que fue inútil puesto que su hija abrió los ojos al sentir la presencia de su madre, ninguna de las dos dijo palabras, simplemente la madre de Anabella la abrazo y le dio un beso en la frente, su hija menor ya era madre . Me da gusto que todo saliera bien – le dijo la madre mientras le acomodaba la sabana a su hija- ¿ Cuando sale la bebé de la incubadora? – pregunto con anhelo de poder conocer a la bebé. Al parecer el día de mañana o en unas cuantas horas, solo fue para prevenir y ver qué todos se encuentra bien- Anabella se acomodó en verdad era molesto tener la herida,pero era un alivio al saber que su bebé se encontraba bien – Apuesto que es muy bella,¿Qué sucedió? -cuestiono la mu
Cuando abrió los ojos Anabella, sintió que una de las enfermeras le estaba revisando el suero, mientras volvía a sentir movimientos de las piernas, tenía un poco de mareo, y le dolía algo el vientre, recordaba haber visto a la bebé y que se la pusieron en el pecho, quería volver a verla, necesitaba ver que se encontraba bien. Miro a su esposo que se encontraba semi dormido, tenía la cabeza hacia atrás —Jean Carlo — lo llamo ella con voz dulce — ¿estas despierto? —le hablo ella. el hombre despertó de su sueño ligero y volteo a mirar hacía donde se encontraba postrada su esposa, miro y Anabella tenía una leve sonrisa —¿Qué sucede, Annie? —le pregunto él — ¿Dónde está mi bebé?, quiero verla — pidió ella — Se encuentra en la incubadora por unas horas, ya la vi a través de la ventana y es hermosa, una pequeña cosa, rosada, en unas horas la tendremos aquí, esperaremos una semana para que ambas se encuentren fuertes — él se acercó y beso la frente de su esposa —no tengo un regalo que dar
Último capítulo