87| Seguir el juego.
Salem pasó la noche en una de las habitaciones de invitados. Cuando llegó la mañana, se puso de pie y se cubrió con una capa de cuero. Era una mañana especialmente fría; el viento arreciaba contra la ciudad con fuerza y se podía escuchar el silbido del aire sobre las cornisas de las casas.
La tormenta estaba llegando a su punto más álgido, y después de aquello, terminaría. Salem conocía este tipo de tormentas. Cuando su madre lo había abandonado, había soportado una igual. A veces, Salem pasaba