56| Una gota de sangre.
Salem y Analía caminaban nuevamente a su habitación, uno al lado del otro. Los pasillos del Pequeño Palacio estaban extrañamente solitarios esa noche. Había sido un día largo y extenuante, aunque no hubieran hecho mucho en realidad; solamente recibir al aquelarre les había arrancado parte de la energía.
Desde las enormes ventanas del pasillo se podía observar a lo lejos el área libre dentro de la ciudad donde se había instalado el campamento de los vampiros. Se podían ver flamantes luces amaril