43| La semilla.
Analía se arrastró hacia el Alfa. Cuando estuvo con él, le dio una bofetada fuerte y el lobo despertó abriendo sus brillantes ojos rojos. Se desprendió con rapidez de la ropa, y Analía pudo ver cómo tenía la piel quemada.
— Huelo... huelo tu sangre, — dijo Salem, acercándose a ella. Tanteó con las manos el cuerpo de Analía hasta que encontró la astilla clavada en su estómago. — ¡Farid! — llamó al anciano, que se arrastraba detrás del trono. Parecía que también se había quemado parte del rostro