115| Azules.
Analía sintió que el corazón le daba un vuelco mientras los ojos de Salem se clavaban en ella. La oscuridad de la habitación y la penumbra que reinaba en el exterior a través de la ventana le impedían ver con claridad, ni a ella ni a él, pero nunca se había sentido tan observada como en ese momento. Salem estiró la mano y le acarició la mejilla.
— Por favor, déjame verte — le suplicó — . No he querido ver nada más que tu rostro desde que me enamoré de ti, y ahora que he recuperado la visión, s