116| En su lugar.
Cuando Analía despertó, esta vez sí encontró a Salem a su lado. El Alfa dormía profundamente. Era tarde ya en la mañana, pero habían vivido tanto la noche anterior que el hombre debería estar agotado, física y emocionalmente. Así que Analía lo dejó dormir.
La casa de Farid no era grande, pero era absurdamente ordenada, con cada pequeña cosa puesta en su perfecto lugar, tanto que incluso Analía tuvo miedo de tocar cualquier cosa y alterar el orden perfecto del equilibrio de lo que tenía la casa.