Me había quedado dormida en su pecho. Él acariciaba mi cabello; el frío que hacía me tenía temblando así que me despertó.
—Helen mi cielo, estás temblando,—Me susurró en el oído.
Yo no quería que aquel mágico momento acabase nunca. El olor de su pecho me embriagaba, yo me abrazaba a él queriendo jamás romper aquella conexión tan hermosa que nos unía.
Me levanté de sus piernas para asearme. La marca de que ya no era virgen estaba adherida a nuestros cuerpos, por eso fui al baño a ducharme.
Le di