Después de terminar mi día laboral, salgo corriendo a mi casa. Todos los días realizo la misma operación, y aunque estoy agotada, lo hago con felicidad, porque la razón de mis sacrificios tiene la sonrisa más hermosa del mundo, y es mi gran amor, Dylan junior.
Han pasado ya cinco años, cinco desde el día que Dylan y yo nos separamos, y todo este tiempo he sacado sola a mi hijo adelante, siendo la mujer más feliz y a la vez la más desdichada del mundo, porque no he logrado olvidarlo ni un solo m