Narra Helen.
Cuando bajé del transporte, sentí que las piernas me temblaban como gelatina, y mis manos sudaban a gran magnitud. Acomode mi uniforme y me acerque al enrejado, siempre estaba abierto, por un momento pensé en devolverme en salir corriendo sin voltear a ver atrás, pero sabía que eso sería mi despido inmediato, y yo no podía darme el lujo de quedarme sin trabajo, así que tomé una bocanada de aire y seguí caminando.
Todo estaba idéntico como lo había dejado, por lo menos el frente; ca