Los días siguientes fueron un martirio de contradicciones. En la oficina, Cristóbal evitaba a Úrsula como si su presencia quemara. No la buscaba con la mirada, es mas si ella entraba a una sala, él encontraba una excusa para salir.
Úrsula lo notaba. Y cada indiferencia, cada palabra ausente, cada silencio forzado, le dolía más que cualquier rechazo directo. No lo enfrentó. No aún. Pero la rabia crecía, mezclada con una ansiedad que no sabía cómo contener.
Pasaron tres días en los que el de