La voz del negociador irrumpe en la quietud como un objeto ajeno, amplificada, firme, entrenada para no temblar aunque el margen entre la vida y la muerte sea microscópico. –Kate FitzGerald –dice el hombre desde el megáfono. – Este es el último aviso. No hay salidas. No hay rutas alternativas. La casa está rodeada. Nadie quiere que esto termine mal, pero tiene que entregarse ahora.
El sonido rebota contra los árboles, contra las paredes, contra el aire espeso de la noche, y vuelve distorsionad