El disparo rompe el aire como un látigo seco, brutal, imposible de confundir con cualquier otro sonido. No hay eco romántico ni cámara lenta: hay un estallido breve, violento, definitivo. El cuerpo de Kate reacciona antes que su mente. Un grito desgarrado le nace desde el fondo del pecho cuando la bala impacta en su pierna y la fuerza del golpe la hace perder el equilibrio, obligándola a apoyarse contra la pared con una mano temblorosa mientras la otra sigue aferrada al arma como si soltarla fu