SEÑALES EN LA SOMBRA
Sophie atraviesa el pasillo con el corazón en la boca. No corre, pero cada paso trae encima el peso de una noticia que le tiembla en los labios. Empuja la puerta de vidrio esmerilado: adentro, Liam, Carlota y Amara están reunidos sobre la gran mesa de nogal, con bocetos abiertos, telas marcadas con alfileres y un tablero digital que late en cifras y tiempos. El murmullo de la empresa llega como un oleaje sordo a través de las paredes; la colección entera respira del otro lado. Aquí, sin embargo,