La mañana siguiente no trae calma, sino una tensión espesa que parece adherirse a cada superficie de la empresa como si el aire mismo hubiera sido contaminado por un secreto que está a punto de estallar, y cuando las puertas del ascensor se abren con un sonido seco en el piso ejecutivo, la presencia de Liam no pasa desapercibida para nadie, no solo porque aparece sin previo aviso, sino porque hay algo en él que ha cambiado de forma irreversible, una dureza nueva en su postura, una rigidez pelig