Ella no responde, porque sabe que discutir con él en ese terreno sería ceder más de lo que está dispuesta, y en su lugar desvía la mirada hacia el teléfono que descansa sobre la mesa de noche, como si ese pequeño objeto concentrara todo el peso del mundo exterior que está a punto de estallar.
Y no se equivoca.
Porque en el mismo instante en que desbloquea la pantalla, el impacto es inmediato, brutal, imposible de ignorar.
Titulares.
Notificaciones.
Mensajes.
Todo al mismo tiempo.
“Liam Kane, se