Amara baja lentamente las escaleras de la mansión, como si cada peldaño fuera una losa de granito que pesa más que el anterior. Sus pasos resuenan en el mármol con una quietud casi solemne, y su corazón, aunque intenta mantenerse firme, palpita con un nerviosismo contenido. Apenas gira en la curva del pasillo, lo ve. Como cada mañana, Liam la espera en la entrada con la puerta abierta. Pero esta vez, algo es distinto. Muy distinto.
Él no la mira. Ni una palabra, ni un gesto, ni siquiera ese cr