Liam asiente con una rigidez casi mecánica, con su mandíbula apretada con tanta fuerza que el dolor se extiende hasta sus sienes. Contiene las palabras que luchan por escapar, aquellas que, de ser pronunciadas, solo lo hundirían más en su propia miseria. Sin mirar atrás, se retira de la habitación, con pasos medidos, aunque por dentro su mundo se derrumba. Su corazón, hecho añicos, late con un ritmo caótico, tratando de encontrar sentido en la cruel realidad que acaba de golpearlo.
Ignora la