La madrugada cae sobre el refugio como una manta pesada, espesa, casi sofocante, mientras todos comienzan a moverse con un apuro silencioso, reuniendo lo indispensable sin encender demasiadas luces, cada uno consciente de que lo que hagan esta noche puede marcar la diferencia entre vivir escondidos o ser encontrados antes de tiempo. Carlota reparte órdenes con precisión militar; Amara intenta mantener la calma aunque su cuerpo tiemble; Sophie y Cristóbal guardan documentos, mantas, alimentos, r