Amara siente un vacío extraño en el pecho. Se queda observando el espacio que él dejó vacío, como si aún pudiera sentir su presencia allí, porque su ausencia pesa más que su compañía.
Pero no tiene tiempo para pensar en eso. Suspira con pesadez, parpadea un par de veces y se obliga a centrar su atención en Cristóbal, quien la observa con una sonrisa paciente, sosteniendo aún el ramo de rosas. –Cristóbal… –su tono es mesurado, pero firme. – Agradezco el detalle, de verdad. Es un gesto bonito