Él aprieta los labios en una fina línea, pero no responde. Sus ojos, oscuros e insondables, parpadean apenas un instante antes de volver a fijarse en ella. Kate lo toma como una confirmación, y la furia le sube por la garganta como una ola incontenible.
–Ella es completamente diferente a ti –su voz vibra entre incredulidad y enojo–. No tienen nada en común. ¿De verdad vas a mirarme a los ojos y decirme que es amor? Porque sé que no lo es. Lo único que los une es lo que ella puede ofrecerte. Su