La mañana se levanta con una claridad engañosa, como si la ciudad entera hubiera decidido fingir normalidad mientras, por debajo de esa superficie pulida, las tensiones se tensan hasta el límite de lo soportable, y es en ese escenario cuidadosamente disimulado donde Liam aparece frente a la prensa con una serenidad que no le pertenece, pero que ejecuta con una precisión que roza lo inquietante, porque cada gesto, cada pausa y cada palabra han sido calculadas con un objetivo claro: entrar en la