Cristóbal abre los ojos bruscamente, regresando al presente como si emergiera de una pesadilla que, en realidad, él mismo eligió vivir. La mirada de Sophie lo atraviesa. Es mezcla de incredulidad, dolor y una desconfianza que él no puede, ni quiere, enfrentar. Tiene que elegir: confesar o mentir. Y, como un cobarde, elige lo más fácil.
–Úrsula y yo… –empieza, pero traga saliva antes de continuar. – Solo nos hemos hecho amigos. Nada más. Fue la única que estuvo cuando me sentía destruido, humil