Horas más tarde, cuando el día comienza a inclinarse hacia una tarde cargada de rumores y titulares en formación, la calma artificial que había intentado sostenerse dentro de la empresa Laveau termina por resquebrajarse de forma definitiva, porque el murmullo creciente en la planta baja deja de ser un simple indicio para convertirse en una invasión abierta, desordenada y voraz de reporteros que, con micrófonos en alto y cámaras encendidas, irrumpen en el edificio con la urgencia de quienes sabe