Amara abre los ojos y encuentra los de él, oscuros, tormentosos, llenos de una intensidad que la deja sin palabras. Sus dedos se aferran a su espalda, como si temiera que esto fuera un sueño del que podría despertar en cualquier momento. –Más… –susurra, y esa única palabra lo desarma por completo.
El deseo crece entre ellos, expandiéndose como una tormenta que amenaza con arrasarlo todo. Amara se abandona por completo al torbellino de sensaciones, sintiendo cada caricia como un incendio que