Estaba seguro que no podría sentir felicidad más grande que esa que estaba sintiendo en ese momento. Ver a su madre con los ojos abiertos y con una enorme sonrisa en el rostro era algo que no iba a cambiar por nada.
—Vamos, mamá tienes que comer bien —dijo Max mientras le daba de comer estando en ese cuarto de hospital.
La madre de Max no podía sentirse mejor. Acababa de despertar de la anestesia de la cirugía que le habían llevado a cabo para que ella pudiera vivir una larga vida