Fueron suficientes esas palabras para que Lucía se levantara de su lugar mientras la mujer que estaba s u lado y que había recibido a los hombros, los ojos se le hicieran más grandes. Bien se decía que la gente de dinero era la que más secretos tenía y la que más cosas malas hacía es solo que ella no pensó que toda la roqueza de los Vital viniera por el narcotráfico.
— ¡¿Qué? Eso no puede ser cierto! —Dijo Lucía l mismo tiempo que lo hacía su hijo.
— ¿De qué me están hablando? —Alejandro h