UNA LOBA HERIDA.
UNA LOBA HERIDA.
―¿Pregunté con quién hablabas? ―repitió Sebastián, su tono impregnado de una desconfianza mientras sus ojos se clavaban en Erika con la intensidad de un depredador.
La loba trató de ajustar sus emociones y balbuceó.
―Yo… yo no estaba hablando con nadie.
―¿No? ―Sebastián arqueó una ceja, su voz era un ronroneo de duda. ―Pues parecía que hablabas con alguien.
―¡No! No… ―dijo ella con una sonrisa forzada, intentando disipar las sospechas como quien dispersa la niebla con las m