OSCURA OBSESIÓN.
OSCURA OBSESIÓN.
En la penumbra de la cabaña, Arthur ahogaba sus penas en el amargo licor, su mente perdida en la figura de Irene vestida para la ceremonia y aceptando a Leandro como su compañero, era demasiado difícil de asimilar y por eso, opto por mitigar el dolor que estaba sintiendo con una botella de hidromiel. El viejo alfa, tío de Irene, se aproximó a él con la sabiduría que solo los años pudieron conferir.
―Arthur, muchacho, esto no te conducirá a nada bueno. Debes dejar ir ese enamor