EMBOSCADA.
EMBOSCADA.
―¡Suéltame! ―exigió Daphne luego de que Lorcan la llevara a una de las habitaciones vacías. El pecho de la delta subía y bajaba demasiado rápido, pero, el beta solamente podía mirarla. Sin embargo, el lobo dentro de él aullaba de necesidad. ―¿Qué haces aquí, Lorcan?
―¿Eso es lo primero que preguntaras? Han pasado seis putos años y ¿eso es lo primero que dices? ―los ojos del hombre se entrecerraron, mientras sostenía sus muñecas con fuerza.
―Suéltame Lorcan… no puedo estar aquí. ―su