CAPÍTULO 45. LA MUDANZA
Al día siguiente, Adriana se levantó cansada y agotada. Se le hizo tarde, para salir a comprar las cosas que necesitaba para hacer la mudanza, cuando recibió la llamada de Mateo...
En las afueras del Edificio
—¿Estás lista? —preguntó Mateo sin identificarse, ansioso, estacionando su camioneta, en el frente del edificio donde vive Adriana..
—¡No! —Contestó Adriana— anoche salí muy tarde del restaurante. Debí cumplir las horas completas de trabajo. Salí después de las doce.
—¿Te obligó el imbécil