CAPÍTULO 44. ADRIANA LEÓN, ES MI HIJA
Una vez fuera de la Villa
Adriana más calmada, consciente que lo había hecho enojar, le preguntó…
—¿Me vas a acompañar mañana con la mudanza? —consultó sin mirar a Mateo, pendiente de su hijo que estaba sentado en el cojín trasero del vehículo en la silla para bebé.
—¡Sí! —respondió él, mordiéndose el borde derecho de su labio y concentrado en el tránsito.
»¡Si te voy a ayudar! ¿A qué hora sale Nilo hacia el restaurante? —preguntó él, con una mirada impenetrable.
—Normalmente, sale entre ocho