~ RENATA ~
Conducir hasta Florencia era humillación que tragaba con dientes apretados.
No por la carretera —la Toscana siempre fue demasiado hermosa para merecer gente como yo y como ellos— sino por el simbolismo. Antes, Bella venía hasta mí. Ahora yo era quien tenía que atravesar colinas, peajes, señales y curvas para "recoger a mi hija" en su ciudad. En la ciudad de ellos. En la ciudad donde Bianca Bellucci respiraba como si el aire hubiera sido inventado para sus pulmones.
Cada quince días.