Vittorio estaba sentado en su lujoso despacho, rodeado por las marcas de su poder. Los asociados se alineaban, cada uno presentándole varias propuestas comerciales y problemas que solo él, como Don, Capo di tutti Capo, podía resolver. Sin embargo, mientras hablaban, sus palabras parecían distantes, convirtiéndose en un zumbido de fondo. Sus pensamientos no estaban en negociaciones ni disputas, sino en un recuerdo: la imagen de los labios de Ellis Smith presionados contra los suyos en un momento