Las apariencias engañan, mi querida.
Mientras observaba a Vittorio conversando con Isabela, Ellis sentía un pellizco de celos surgir en su pecho. Analizaba cómo se acercaban y hablaban al oído, lo que despertaba cierta desconfianza. Sin embargo, antes de que ese sentimiento se apoderara de ella, Giuseppe se detuvo a su lado, interrumpiendo sus pensamientos.
Giuseppe miró a Vittorio e Isabela y dijo con una sonrisa irónica:
—Las apariencias engañan, mi querida. —Ellis se volvió hacia él, curiosa, sin entender a dónde quería llegar.