Nireya
Llevaba horas practicando, llevando mi cuerpo al límite del agotamiento porque estaba decidida a terminar lo que tenía que hacer.
Todavía recordaba la nota que encontré en el bolsillo que decía que debían traer al niño de la luna para que uno de ellos muriera.
Mi existencia entera era algo con lo que el consejo no dejaba de jugar.
El rostro de Dallor se grabó en mi memoria, su expresión hambrienta en la subasta, y me pregunté si de verdad intentaba protegerme o si esa nota en su libro de