Me clavé las uñas en las palmas de las manos hasta que me dolieron, pero no retrocedí. Ahora que ella lo sabía, las cosas se complicarían a un nivel completamente nuevo; sin embargo, no dejé que eso me llenara de miedo.
Por el momento.
—Pensé que eras demasiado noble para hacer esta clase de trucos —comentó dejando caer mi mochila y el folleto al suelo—. Pero eres un poco retorcida.
Con sus altos tacones, pasó por encima del trozo de papel hasta llegar a mí.
—Te embarazaste de “tu señor”