Coloqué cuidadosamente el tenedor sobre el plato, dando por terminado mi desayuno. Luego me levanté y después de verificar mi imagen en uno de los muchos cristales, tomé mi mochila y salí de casa. Me sentía algo nerviosa pero también bastante emocionada, pues gracias a las extrañas influencias de Madame Mariel había logrado un lugar en una prestigiosa universidad de elite.
Fuera, en la calle, ya me esperaba un llamativo auto negro. Y junto a él, su conductor. Me sentí algo decepcionada al ver