—¿Es tan necesario hacer esto?
Asentí, mirando cómo cruzaba los brazos sobre él pecho y exhalaba con clara frustración. Sebastián había hecho salir a todos de la oficina en cuanto el señor Daniels me propuso hablar a solas.
—Yo no tuve problemas cuando hablabas con Abril para resolver su relación —dije y también crucé los brazos—. Y tú me prometiste ayudarme, recuérdalo.
Sin una palabra, se acercó a mí y abrazándome, apoyó el mentón en mi cabeza.
—Lo sé, sé que toleraste mi cercanía con